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Oncogenes retrovirales
y celulares. El concepto de protooncogén
[<] La primera gran evidencia
sobre el potencial cancerígeno de algunos genes
la proporcionaron los estudios de las enfermedades malignas
causadas por retrovirus animales en modelos de laboratorio.
Mientras que la mayoría de los virus animales
infectan las células y, tras multiplicarse en
ellas, las destruyen, existen virus capaces de perpetuarse
en las células hospedadoras mediante la inserción
de sus genomas en los cromosomas celulares. Este es
el caso de los retrovirus, cuyo genoma está constituido
por ARN, que es utilizado como molde por la enzima transcriptasa
reversa para la síntesis de las moléculas
de DNA que se insertan después en el genoma celular.
El genoma viral puede convivir de forma latente con
el genoma de la célula o bien puede expresarse
(o dirigir la expresión inadecuada de genes celulares),
lo que conlleva la transformación maligna de
la célula hospedadora. Este fenómeno,
de tipo agudo, contrasta claramente con los procesos
tumorales que ocurren en la naturaleza, que requieren
una serie de alteraciones sucesivas en distintos genes,
un proceso que, por lo general, requiere varios años.
La gran ventaja de los retrovirus como modelo biológico
es que el reducido tamaño de su genoma hizo más
fácil asignar mutaciones puntuales a genes específicos.
En concreto, la observación de que algunas de
estas mutaciones eliminaban la capacidad de los virus
de causar cáncer permitió identificar
los primeros genes responsables de la transformación
maligna, genes específicos que formaban parte
del genoma del virus y a los que se dio el nombre de
oncogenes. Sorprendentemente, una pequeña porción
de información genética podía decidir
el comportamiento de un ente genéticamente complejo
como es la célula hospedadora.
El aislamiento del primer oncogén viral se produjo
en la década de los setenta a partir del virus
del sarcoma de Rous, cuando se observó que diferencias
en la longitud de su genoma eran críticas para
que las aves infectadas desarrollaran sarcomas, asociándose
así dichas diferencias a la presencia de información
responsable de la capacidad tumoral del virus. Posteriormente,
usando mutantes del virus sensibles a la temperatura,
se demostró que las diferencias en capacidad
transformante se debían a mutaciones en un solo
gen, ya que combinaciones de distintos mutantes eran
incapaces de complementarse. El primer oncogén,
aislado mediante estos experimentos, fue denominado
src. Al descubrimiento y caracterización de src
siguió, durante la década de los setenta,
una larga lista de otros oncogenes virales presentes
en diversas estirpes retrovirales capaces de infectar
aves, roedores o felinos (Tabla 1).
La gran aportación conceptual de los estudios
de retrovirus en relación al cáncer fue
sin duda el concepto de protooncogén. Estos estudios
demostraron que los llamados oncogenes retrovirales
son en realidad copias de genes celulares (=proto-oncogenes)
que han sido incorporados al genoma del virus portador
a lo largo de la evolución y así han adquirido
su capacidad transformante.
Este concepto se originó también a partir
de trabajo seminal con el virus del sarcoma de Rous.
A mediados de la década de los 70 se descubrió
que el oncogén v-src del virus del sarcoma de
Rous (RSV) era prácticamente idéntico
a un gen de pollo. Y no sólo eso, sino que además
se encontraron genes con una alta homología a
v-src en los genomas de otras aves e incluso en todos
los órdenes de vertebrados y muchos invertebrados
como gusanos, insectos y esponjas. Este descubrimiento
daba lugar a la revolucionaria idea de que src era un
gen celular normal (c-src) que había sido adquirido
por una partícula de RSV mediante un proceso
de transducción. Esto explica por qué
v-src carece de intrones mientras que c-src está
segmentado en exones e intrones, como corresponde a
un gen celular. La malignidad de v-src en relación
a c-src vendría dada por un efecto de dosis génica,
ya que bajo el control de los promotores virales se
produce mucha más proteína Src (una 50
veces más) que en condiciones normales. Además
la secuencia de v-src posee mutaciones puntuales que
son suficientes para producir malignidad incluso en
dosis normales.
El descubrimiento de c-src demostró que algunos
genes celulares tienen la capacidad de transformar una
célula normal en tumoral bajo determinadas circunstancias
(por ejemplo cuando sufren mutaciones o se expresan
a partir de promotores virales). A semejanza de estos
estudios, se elaboró una larga lista de oncogenes
retrovirales y sus homologos celulares en otras estirpes
de retrovirus y se forjó el concepto de los proto-oncogenes
como genes que cumplen funciones normales en la célula
pero que adquieren potencial carcinogénico al
caer bajo el control de los elementos reguladores de
la expresión génica presentes en el genoma
de retrovirus.
Hay que enfatizar, sin embargo, que la mayoría
de los oncogenes de tipo retrovírico únicamente
tienen capacidad transformante “in vitro”
o en modelos animales de laboratorio. Sin embargo, está
claro que el cáncer humano no es una enfermedad
contagiosa, ni presenta los atributos de una enfermedad
microbiana. Tampoco se ha detectado —salvo en
muy raras excepciones, como es el caso del virus HTLV
relacionado con leucemias de células T de adultos
s en zonas de Japón y del Caribe — una
asociación de procesos tumorales humanos con
la presencia de retrovirus, por lo que se concluía
que los retrovirus poco o nada tienen que ver con el
desarrollo de la mayoría de los procesos tumorales
humanos. [>]
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