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El descubrimiento de los oncogenes humanos. Las técnicas
de transfección.
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A pesar del avance conceptual que supuso el estudio
de los retrovirus en el conocimiento de las bases genéticas
del cáncer, a finales de los años 70 existía
un sentimiento de decepción entre la comunidad
científica que buscaba las causas íntimas
del cáncer en humanos, ya que realmente estos
virus únicamente inducen tumores en modelos animales
y muy raramente lo hacen en la naturaleza.
En este contexto, al principio de los 80 existía
una pregunta en la mente de muchos científicos
sobre la posibilidad de que existieran otros genes humanos,
distintos de los oncogenes retrovirales, pero que por
mecanismos similares a los vistos en retrovirus tuvieran
la potencialidad de inducir el desarrollo tumoral en
humanos.
Esta pregunta solamente pudo ser respondida al principio
de la década de los ochenta gracias al advenimiento
de las técnicas de transfección genética,
que permitían introducir ADN exógeno dentro
de una célula y hacerlo comportarse como el ADN
endógeno. Mediante experimentos de transferencia
genética, los grupos de Weinberg, Cooper y el
nuestro en el National Cancer Institute logramos la
identificación y el aislamiento del primer oncogén
humano a partir de las células T24 de cáncer
de vejiga humana. Nuestro análisis posterior
del gen clonado permitió determinar que este
gen era un homólogo celular del oncogén
H-ras, identificado previamente en el virus del sarcoma
de Harvey en ratas. Estos descubrimientos seminales,
producidos en 1981 y 1982, permitieron el aislamiento
del primer oncogén humano y dieron inicio a la
caza —por nuestros propios laboratorios y muchos
laboratorios de todo el mundo— de la larga lista
de genes, pertenecientes a la familia Ras y a otras
muchas familias de oncogenes celulares, que hoy son
conocidos como responsables de procesos tumorales en
humanos. Por lo que se refiere a los oncogenes ras,
durante los años 82 y 83 nuestro grupo del NCI,
junto con los de Weinberg y Wigler, llegamos a la conclusión,
tras compararlos con sus homólogos celulares
normales, de que la activación de los oncogenes
ras se debía a mutaciones puntuales únicas.
Posteriormente, en 1984, nuestro grupo llevó
a cabo la primera demostración en humanos de
la presencia de oncogenes ras activados en tejido tumoral,
pero no en tejidos normales, de un paciente de cáncer
de pulmón.
La Figura 4 muestra el proceso de identificación
y aislamiento de oncogenes mediante ensayos de transfección.
El ADN extraído a partir de un tumor humano se
emplea para transfectar, mediante el método del
fosfato cálcico, un cultivo de una línea
de fibroblastos normales de ratón, clásicamente
denominada NIH 3T3. Tras varios días de crecimiento
en la placa aparecen colonias de células transformadas,
de las cuales se aisla ADN que se emplea para un segundo
ciclo de transfecciones. Alternativamente las células
transfectadas pueden ser empleadas para inyectar a ratones
immunológicamente deprimidos (nu/nu, “desnudos”)
, algunos de los cuales desarrollarán tumores.
A partir de los focos transformados o de los tumores
así producidos, se aisla ADN que se vuelve a
utilizar en un nuevo ciclo de transfección. Tras
varios ciclos de transfección se puede aislar
un fragmento de ADN humano, identificado sobre el background
de ADN de ratón por su capacidad de hibridar
(técnica de Southern) con un fragmento de secuencias
repetitivas Alu, único al ADN genómico
humano.
Por diversas variaciones de las técnicas de transfección
muchos laboratorios de todo el mundo han llevado a cabo
la identificación y clonación, durante
la década de los 80, de una larga lista de oncogenes
dominantes, identificados en prácticamente todas
las formas de tumores humanos. La Tabla 2 recoge algunos
ejemplos de distintas familias de oncogenes dominantes
identificados en distintas formas tumorales humanas,
junto con las funciones que realizan sus correspondientes
protooncogenes celulares. En la inmensa mayoría
de los tumores malignos ensayados se ha podido detectar
la presencia de uno o más de este tipo de oncogenes,
lo que subraya la importancia de los mismos en el proceso
de transformación tumoral. [>]
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