 |
|
 |
Genes supresores
de tumores
[<]
A diferencia de los proto-oncogenes
descritos anteriormente, en los que la alteración
de uno solo de sus alelos es suficiente para producir
la activación oncogénica (de ahí
el calificativo de “dominantes”), existe
un segundo tipo de genes involucrados en cáncer
en los que es necesaria la inactivación de sus
dos copias genómicas para que se manifieste un
fenotipo tumoral.
La primera noción de la posible existencia en
células eucariótas de genes capaces de
suprimir el crecimiento tumoral se obtuvo en 1969 al
observarse que, tras las fusión de células
cancerosas con células normales, los híbridos
celulares resultantes perdían las propiedades
tumorales. De ello se dedujo que las células
normales debían poseer factores de control, que
estaban ausentes en las células malignas, y que,
por revertir el fenotipo tumoral de estos híbridos,
fueron bautizados como supresores de tumores. El aislamiento
del primero de estos supresores se realizó durante
la segunda mitad de la década de los 80 a partir
del retinoblastoma, un tumor ocular infantil. Muchos
años antes, Alfred Knudson, estudiando la historia
natural y frecuencia de esta enfermedad, propuso que
ésta se producía por la presencia de un
primer “hit”, transmitido a través
de la línea germinal y que una posterior alteración
somática —segundo “hit”—
sería la responsable del desarrollo final de
la enfermedad.
El análisis genético y molecular llevado
a cabo en los años 80 ha confirmado totalmente
la hipótesis de los dos “hits” de
Knudson, al identificar esos hits con mutaciones inactivantes
en un gen supresor de tumores denominado Rb. El análisis
citogenético de pacientes con esta patología
permitió observar deleciones en el cromosoma
13 de estos pacientes y análisis posteriores
confirmaron la hipótesis de Knudson, demostrando
la necesidad de la mutación o pérdida
de ambos alelos del gen del retinoblastoma en las dos
copias de dicho cromosoma para que la enfermedad se
desarrolle. El aislamiento del gen del retinoblastoma,
llevado a cabo en 1986 por los grupos de Robert Weinberg,
Wen-Hwa Lee y William Benedict, permitió estudiar
su función en células normales, en las
que es un regulador de la progresión del ciclo
celular. Con estos estudios se demostró la existencia
de genes cuya inactivación es suficiente para
el desarrollo tumoral.
Rb es solamente el primer representante de una larga
lista de supresores tumorales identificados posteriormente
en muchos laboratorios de distintos países. Muchos
de estos genes están asociados a tipos poco frecuentes
de cáncer, con carácter hereditario, (Tabla
3a), en los que las células de la línea
germinal transmiten una copia mutada del gen, condicionando
que la posibilidad de que ambas copias resulten inactivadas
por mutación en adultos sea mucho más
elevada. Este tipo de tumores hereditarios incluyen
entre otros: el retinoblastoma (rb-1), el tumor de Wilms
(wt-1), la poliposis adenomatosa familiar (apc) o la
enfermedad de Von Hippel-Lindau (VHL). Otros genes supresores
han sido aislados a partir de tumores esporádicos
de adultos en los que se ha visto que sufren deleciones
o mutaciones somáticas, aunque en este caso su
inactivación no suele constituir la causa primaria
del tumor, sino que surgen como consecuencia de la acumulación
de mutaciones tras la activación del crecimiento
descontrolado por un oncogén. Algunos genes supresores
representantes de este tipo son: p53, ink-4 o cdh-1
(cadherina E). La función de las proteínas
productos de estos genes es muy variada, pudiendo actuar
en regulación de la progresión del ciclo
celular, control de la transmisión de señales,
inducción de apoptosis, modulación de
la transcripción o promoción de la adhesión
celular. La Tabla 4 resume las principales diferencias
y semejanzas funcionales entre los oncogenes dominantes
y los genes supresores de tumores.[>]
|
 |