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Translocaciones cromosómicas.
[<] Las translocaciones cromosómicas
ocurren cuando los brazos de dos cromosomas distintos
se unen como consecuencia de fenómenos de recombinación
no homóloga. Esto puede dar lugar a que dos genes,
en principio distales en el genoma, entren en proximidad
física de forma que uno de ellos pueda controlar
la expresión del otro o incluso que se fusionen
dando lugar a un gen híbrido con propiedades
oncogénicas. Aunque en muchos casos las alteraciones
cromosómicas que se observan no muestran una
relación consistente con un tipo determinado
de cáncer, existen otros casos donde las anormalidades
genéticas son específicas y están
siempre asociadas a un determinado fenotipo tumoral.
El ejemplo más típico, y el primero descrito
de este tipo de translocación, se da en el denominado
cromosoma de Filadelfia, que está presente en
más del 90% de los casos de leucemia mieloide
crónica (LMC). En este caso se produce una translocación
t(9,22)(q34;q11) que une el brazo largo del cromosoma
9 y el brazo largo del cromosoma 22, obteniéndose
un cromosoma 22 mucho más pequeño. Esta
traslocación da lugar a la yuxtaposición
de secuencias 3’ del protooncogén abl (Abelson)
normalmente presente en el cromosoma 9 con secuencias
5’ del gen bcr (breakpoint cluster region) truncado
que permanece en el cromosoma 22. De este modo se genera
el oncogén bcr-abl, que codifica para una proteína
que tiene mucha mayor actividad quinasa que la proteína
normal ABL. El altísimo porcentaje de casos de
LMC que muestra esta alteración sugiere que la
actividad anormal de la proteína quimérica
BCR-ABL es esencial para el desarrollo del tumor, ya
que debe de conferir a las células neoplásicas
una ventaja selectiva.
Otros tipos de translocaciones cromosómicas frecuentes
en cáncer humano son las que implican los genes
de las inmunoglobulinas. Así, los genes IgH,
IgL e IgK, se encuentran asociados frecuentemente a
los protooncogenes bcl-2 y c-myc por medio de translocaciones
que ocurren, respectivamente, en una gran mayoría
de los linfomas foliculares y de Burkitt. De igual manera,
destacan por su frecuencia en leucemia linfocítica
aguda las translocaciones que incluyen al gen del receptor
de células T (TCR), en las que frecuentemente
esta proteína también se asocia con el
protooncogén c-myc. Otros oncogenes asociados
a TCR mediante translocaciones incluyen tal-1, tal-2
o lyl-1. Las translocaciones que implican a los genes
c-myc, bcl-2 y tal-1/2 producen una activación
del oncogén por medio de una expresión
aberrante de los mismos. Otros tipos de translocaciones,
como en el caso del cromosoma de Filadelfia, provocan
la activación oncogénica a través
de la producción de proteínas de fusión.
Este sería el caso de los genes dek/can en la
leucemia mieloide aguda, de pml/rar en la leucemia promielocítica
aguda o de ews/fli-1 en el sarcoma de Ewing, entre muchas
otras. [>]
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