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El desarrollo tumoral:
acumulación de mutaciones y selección
clonal.
[<] La observación clínica
indica que el desarrollo de los tumores es ordinariamente
un proceso lento. Esto implica que la progresión
tumoral requiera frecuentemente el paso de muchos años,
por lo que el cáncer es considerado, en general,
como una enfermedad de la edad adulta.
En consistencia con ello, los estudios de muchos laboratorios
durante los últimos 25 años han demostrado
que, desde el punto de vista molecular, el cáncer
es un proceso de múltiples etapas que requiere
varios eventos de mutación somática y
de selección clonal que producen a lo largo del
tiempo variantes en la descendencia celular con propiedades
de crecimiento cada vez más agresivas.
El análisis genético ha demostrado que
el cáncer es un proceso secuencial que implica
la acumulación de sucesivas mutaciones en uno
o varios genes de distintos tipos (oncogenes, genes
supresores, genes de susceptibilidad) y la subsiguiente
selección clonal de las células portadoras
de las mismas, que conduce a que estas células
alteren su comportamiento incrementando su capacidad
proliferativa y de invasión, y llegando eventualmente
a causar la muerte del organismo del que proceden (Figura
5).
El proceso que conduce al desarrollo de un tumor maligno
comienza en todos los casos con una mutación
individual en una sola célula del organismo.
Esa mutación inicial contribuye a incrementar
la tasa de crecimiento de la célula portadora
respecto a las adyacentes, favoreciendo la aparición
y selección de un nuevo clon de células
con una más elevada capacidad de división
(Figura 5). Esta característica -denominada clonalidad,
indica que todas las células cancerosas se derivan
normalmente de aquella célula primigenia mutada.
Por otra parte, como consecuencia de su mayor velocidad
de división, la tasa de mutación de las
células portadoras comienza a ser superior a
la de las células normales, provocando así
la aparición y acumulación de una serie
sucesiva de nuevas mutaciones en su descendencia. La
mayoría de dichos cambios genéticos son
normalmente deletéreos y provocan la muerte de
la célula. Sin embargo, estocásticamente,
alguna de las mutaciones son capaces de mantener la
viabilidad celular y además de conferir a la
célula una mayor velocidad proliferativa, por
lo que sus descendientes acabarán siendo mayoritarias
en el tumor, dando así lugar a un segundo suceso
de clonalidad. Este es un proceso que se puede repetir
numerosas veces, obteniéndose en cada paso clones
celulares con mayor capacidad de división y cuyos
procesos de control internos están más
alterados. Esto es suficiente para llegar a causar la
muerte del paciente en el caso del cánceres hematológicos;
sin embargo los tumores sólidos requieren de
un proceso invasivo posterior para llegar a ser mortales.
En concreto, esta mecánica de clonalidad y diseminación
determina que en tumores sólidos haya dos etapas
bien diferenciadas. La primera puede durar años
y comprende desde la mutación inicial hasta que
se inicia la neovascularización (angiogénesis);
la segunda etapa, mucho más rápida, va
desde dicha vascularización hasta las etapas
metastáticas finales de desarrollo del proceso
tumoral. [>]
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