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El cáncer
como resultado de alteraciones de señalización
celular.
[<] Las últimas dos
décadas han aportado un enorme esfuerzo y avance
en la caracterización de los cambios genómicos
asociados a cada tipo de cáncer y de las rutas
de señales que resultan alteradas por dichos
cambios dando lugar a las alteraciones celulares presentes
en las distintas neoplasias. El crecimiento celular
autónomo es una de las características
comunes a todas ellas, tanto benignas como malignas.
La desregulación del ciclo celular ocurre como
resultado de alteraciones en la transducción
de señales aunque no necesariamente supone un
aumento en la proliferación celular. Más
bien, lo que resulta importante es el balance crítico
entre el crecimiento celular y la progresión
en el ciclo celular (división celular) por un
lado y la apoptosis por otro. Tanto durante el desarrollo
embrionario normal como durante la vida de adulto, la
señalización celular requiere estar meticulosamente
coordinada e integrada en todo momento. A su vez, es
fundamental que las señales de diferenciación
estén adecuadamente reguladas para prevenir la
oncogénesis. El dogma que establece una relación
inversa entre el grado de diferenciación y proliferación
celular (un tumor maligno tiende a estar más
desdiferenciado que su tipo celular progenitor) confirma
claramente este principio.
Desde el punto de vista de la oncogénesis, determinada
clases de proteínas y de rutas de señalización
parecen ser más frecuentemente mutadas que otras.
El cáncer es el resultado de una acumulación
aditiva y sucesiva de mutaciones en proto-oncogenes
y genes supresores de tumores que afectan al crecimiento
celular, a la diferenciación y a la supervivencia.
Los estudios iniciales identificaron estos genes y sus
funciones como partícipes de rutas específicas
de señalización, contribuyendo cada una
de estas rutas al fenotipo final del cáncer (por
ejemplo, la ruta de Ras dirigiría la proliferación
incontrolada; la ruta de Retinoblastoma (Rb) alteraría
el ciclo celular; la ruta de p53 afectaría la
apoptosis, etc.). Más recientemente, a medida
que vamos comprendiendo la complejidad de estas rutas,
vemos que las distintas rutas se cruzan en diversos
puntos concretos, de modo que no pueden considerarse
rutas de señalización aisladas. De hecho,
estas rutas de señalización requieren
unas de otras para poder ir alcanzando los distintos
pasos que conlleva la evolución del cáncer.
Con todo ello, la tumorogénesis se entiende como
un proceso gradual y progresivo de cambios fisiológicos
(resultantes de alteraciones genéticas), de modo
que en cada paso se produce una selección clonal
que va dirigiendo la transformación de las células
normales en altamente malignas.
Con respecto a los mecanismos íntimos de los
procesos tumorales, la conjunción del trabajo
de muchos laboratorios independientes ha permitido durante
la pasada década, llegar a importantes conclusiones
relativas a la relación –en realidad, la
identificación- entre los productos de los diversos
genes tumorales y los componentes de las distintas vías
de transducción de señales celulares.
El cuerpo teórico que resume el nivel de conocimiento
actual sobre este tema se puede concretar en dos puntos
fundamentales:
- Los productos de oncogenes y genes supresores son
componentes de redes de señalización conservadas
a lo largo de la evolución que controlan la proliferación,
la diferenciación o la muerte celular.
- La mutación de genes en tumores ocasiona redes
de señalización alteradas que eventualmente
son responsables del desarrollo tumoral. Las mutaciones
de oncogenes y genes supresores provocan, respectivamente,
ganancia o pérdida de función en componentes
de las rutas de señalización provocando
así la correspondiente hiperactivación
o desactivación de las resultantes señales
celulares.[>]
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