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Productos de genes
supresores de tumores y señalización celular.
[<] La aparición de
mutaciones en genes específicos que controlan
negativamente la proliferación celular o que
regulan los procesos de reparación de daños
del DNA constituye un importante paso de selección
positiva dentro del modelo de progresión tumoral.
Las funciones celulares específicas de las proteínas
producto de ese tipo de genes pueden ser muy variadas
(Tabla 3), yendo desde control del ciclo celular a la
inducción de apoptosis, la modulación
de la transcripción o el control de la adhesión
celular.
Muchas de las señales antiproliferativas están
dirigidas al control de la proteína retinoblastoma
(pRb), un importante gen supresor de tumores que se
encuentra modificado en un gran número de tumores.
RB es una proteína muy importante en la regulación
del ciclo celular, cambiando su estado de fosforilación
a lo largo del mismo. Ante la llegada de señales
mitogénicas, la ciclina D se une a CDK4 o CDK6
y estos complejos con actividad kinasa proceden a fosforilar
a pRB. pRb en su estado hipofosforilado bloquea la proliferación
mediante su interacción e inhibición del
factor de transcripción E2F, el cual, a su vez,
controla la transcripción de un gran número
de genes esenciales para la progresión celular
de G1 a S. Al ser fosforilada, pRB se separa del factor
de transcripción E2F, al que está unido
en estados de reposo celular. La liberación de
esta proteína provoca la expresión de
una serie de genes que permiten la transición
de G1 a fase S. Esta fosforilación es también
necesaria para promover la transición de S a
G2 y de G2 a la fase M, aunque en estos puntos es la
ciclina A la encargada de activar a CDK2 y CDK1 . Por
tanto, mutaciones que disrumpen o inactivan a pRb permiten
la proliferación celular haciendo que las células
se vuelvan insensibles al control de señales
antiproliferativas como las de TGF?. Como se puede comprender
fácilmente, cualquier mutación que inactive
la capacidad de pRB de unirse a E2F puede activar constitutivamente
la progresión a lo largo del ciclo celular. Esto
es lo que ocurre en los pacientes con retinoblastoma
o en numerosos casos de cáncer de pulmón,
de carcinoma de mama, páncreas, vejiga, etc.
Otras formas de inactivación de pRB se pueden
dar por infección vírica, pues se ha encontrado
que determinadas proteínas víricas son
capaces de unirse a pRB y secuestrarlo, permitiendo
la constante liberación de E2F. Asímismo,
las formas oncogénicas de la ciclina D pueden
a ejercer su acción fosforilando a pRB de manera
constitutiva, obteniéndose el mismo efecto.
Otro tipo de mutaciones que pueden provocar efectos
similares a los producidos por pRB son las de ink-4A.
Este gen codifica para la proteína p16, un inhibidor
de la actividad de los complejos ciclina-D/CDK4, evitando
la fosforilación de pRB y la liberación
de E2F. Este gen es uno de los cuatro miembros de la
familia INK, siendo todos ellos supresores de tumores:
ink-4B (p15), ink-4C (p18) e ink-4D (p19). La deleción
de la región cromosómica que incluye ink-4A
ocurre en una inmensa mayoría de tumores primarios.
Además este gen se encuentra mutado, deleccionado
o sufre translocaciones en aproximadamente el 75% de
las líneas celulares aisladas de tumores.
p53 es uno de los genes supresores más afectados
en cáncer en humanos, junto con pRB. Distintos
tipos de mutaciones del gen de p53 se han encontrado
en aproximadamente un 50% de los tumores. Curiosamente
esta proteína de 53kDa fue clasificada inicialmente
como un nuevo oncogén, pues se hallaron elevados
niveles de expresión asociados al antígeno
SV40 en células transformadas, mientras que en
células normales la proteína era prácticamente
indetectable. La explicación a estos comportamientos
se encuentra en la forma de actuación de p53.
Para ejercer su función esta proteína
forma complejos homo-oligoméricos, de manera
que cuando se introduce una forma mutante de p53 en
la célula, puede unirse a estos complejos e inactivarlos
actuando de modo dominante negativo. El análisis
de las funciones de p53 hace fácil comprender
su forma de actuar como supresor del desarrollo tumoral.
Por un lado, se ha visto que p53 es capaz de detener
el ciclo celular ante la presencia de daños en
el ADN. Dichos daños van a inducir la expresión
de p53, que es un activador transcripcional. Entre los
promotores desde los que activa la transcripción
p53 se encuentra el que controla la expresión
de p21, que es un potente inhibidor de los complejos
ciclinaD/CDK4, ciclinaE/CDK2 y ciclinaA/CDK2, bloqueando
la progresión en el ciclo celular. Esta función
de p53 sería suficiente como para explicar su
actividad supresora, sin embargo, además de esta
función, p53 es un potente promotor del suicidio
celular o apoptosis. Para ello p53 activa toda una serie
de genes proapoptóticos, entre los que cabría
citar Bax, Fas/Apo, Killer/DR5, PUMA, NOXA o APAF-1.
Asímismo, p53 va a reprimir la expresión
del gen antiapoptótico bcl-2. Debido a su multipicidad
de funciones en la célula, la eliminación
de p53 puede tener efectos muy perjudiciales, provocando
que las células tumorales no sufran apoptosis
a pesar de presentar alteraciones serias en su ADN.
Además de esto, el defecto en p53 es capaz de
conferir a dichas células tumorales resistencia
a varios agentes antitumorales capaces de producir daños
en el ADN, como determinados fármacos quimioterápicos
o la radioterapia. La incidencia de mutaciones en p53
en los distintos tipos de cáncer varía
desde casi cero en tumores carcinoides de pulmón
hasta casi el 97% en melanomas, aunque es bastante frecuente
en la mayoría de los casos analizados.
El tumor de Wilms es una forma hereditaria de cáncer
renal que está asociado a la inactivación
funcional de las dos copias del locus wt-1. Mediante
estudios similares a los de pRB en retinoblastoma se
asoció el desarrollo de esta enfermedad con mutaciones
inactivantes o pérdidas en la región cromosómica
11p13, donde se identificó el gen responsable,
que fue denominado wt-1 tras su aislamiento. Posteriores
estudios demostraron que la proteína Wt-1 actúa
como un factor de transcripción. Por un lado
Wt-1 se une al ADN reprimiendo la transcripción,
aunque algunos estudios muestran que también
puede actuar de manera cooperativa con p53 activando
la transcripción de determinados genes específicos.
La poliposis adenomatosa familiar es una enfermedad
hereditaria causada por mutaciones inactivantes del
locus apc. Los portadores de estas mutaciones desarrollan
en etapas tempranas de la vida multitud de pólipos
en el colon que con el tiempo pueden transformarse en
tumores malignos. Mutaciones inactivantes de este gen
pueden ser también frecuentemente detectadas
en tumores esporádicos de colon. La principal
función conocida para APC consiste en controlar
los niveles y la acción de la ?-catenina, induciendo
su degradación. La ?-catenina es un intermediario
en la inducción de la transcripción desde
el receptor Wnt. Por ello, las mutaciones que producen
inactivación de la proteina APC dan como resultado
la acumulación de ?-catenina, un activador de
la familia de factores de transcripción de células
T (TCF), y de activadores linfoides (LEF). Esta activación
ocurre normalmente como respuesta a ligandos del receptor
Wnt. Después de la activación de esta
ruta, APC se encargaría de degradar ?-catenina
y apagar la activación transcripcional de TCF,
como ocurre de forma natural en el proceso de diferenciación
epitelial en el colon. Consecuentemente, también
se han encontrado mutaciones de ?-catenina que impiden
su degradación por APC en diversos tipos de cánceres.
Sorprendentemente, en la búsqueda de genes que
son inducidos por ?-catenina/TCF se encontraron, entre
otros, Myc y ciclina D1, dos conocidos e importantes
promotores de la proliferación celular.
Las mutaciones germinales en los loci BRCA1 y BRCA2
están asociadas a un incremento en la predisposición
de sus portadores a sufrir cancer de mama u ovario.
Numerosos estudios con células humanas deficientes
en BRCA1 y BRCA2 y con células de ratón
deficientes en BRCA1 sugieren que los genes BRCA son
esenciales para preservar la estructura cromosómica,
lo que sugiere que, en su función como supresores
de tumores, actúan suprimiendo o corrigiendo
la inestabilidad cromosómica. BRCA2 interacciona
regulando la recombinasa RAD51 en los mecanismos de
reparación de cortes bicatenarios del DNA. En
la misma situación, BRCA1 parece actuar de forma
más general entre la detección y señalización
del daño y los efectores de la maquinaria de
reparación, asegurándose de que se resuelve
la adecuada respuesta a la lesión inicial. Mientras
conocemos más acerca de los mecanismos de control
de inestabilidad cromosómica (algunos naturales
como en el entrecruzamiento durante la meiosis o en
la reparación de las horquillas de replicación
del DNA), queda todavía por resolver por qué
mutaciones en los genes BRCA se manifiestan con tumores
en el tejido epitelial, fundamentalmente en mama, ovario,
próstata y páncreas. Es posible que los
genes BRCA desempeñen otras funciones además
del control de la inestabilidad cromosómica.
Por ejemplo BRCA1 puede reprimir la señalización
del receptor de estrógenos. También es
posible que la probabilidad con que se pierde el segundo
de los alelos de BRCA sea mayor en unos tejidos que
en otros. En cualquier caso, los conocimientos actuales
son todavía pobres y distantes de plasmarse en
avances en la prevención y tratamiento del cáncer.
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