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Evaluación
del riesgo genético. Identificación de
individuos con predisposición tumoral hereditaria.
[<] Idealmente, el mejor modo
de acabar con el cáncer sería prevenir
de forma absoluta la iniciación de los procesos
moleculares que conducen a la enfermedad. Alternativamente,
también sería muy positivo detectar, de
manera reproducible y temprana, los estadíos
tempranos y premalignos de los tumores, que así
serían fácilmente tratados y erradicados.
Yendo en la segunda dirección, una de las mayores
aplicaciones de la biología molecular a la prevención
y detección precoz de tumores puede consistir
en identificar aquellos individuos portadores de mutaciones
oncogénicas hereditarias que les confieren una
probabilidad elevada de sufrir cáncer en comparación
al de la población. Estos individuos presentan
un riesgo elevado de sufrir formas específicas
de tumores en base a la carga genética heredada
de sus padres, que conlleva alguna mutación activante
en oncogenes (por ejemplo, ret, met, etc), genes de
tipo supresor o gatekeeper (Rb, p53, APC, NF1, etc)
o genes tipo caregiver (BRCA1, XP, MSH2, etc ) (ver
Tabla 3).
Actualmente disponemos de sensibles métodos moleculares
que permiten la detección y diagnóstico
de las distintas mutaciones genéticas que activan
los genes mencionados. La disponibilidad de estas tecnologías
permite postular la posibilidad de que, al menos en
algunos de estos casos, podamos reducir significativamente
las cifras de esos cánceres hereditarios mediante
una monitorización frecuente que permita detectar
los tumores en estados incipientes, o incluso en etapas
prenatales.
Se han hecho ya progresos significativos en la prevención
y detección temprana de diversas formas de cáncer
hereditario donde la detección precoz de las
mutaciones responsables ofrece beneficios claros a los
portadores. Por ejemplo, en cáncer de colon,
los pólipos pueden ser detectados mediante colonoscopia
y extirpados antes de que puedan progresar a estadios
malignos. Los pacientes con poliposis adenomatosa familiar
(resultante de mutaciones heredadas en el gen APC) desarrollan
cientos de pólipos en las prímeras décadas
de su vida y normalmente sufren extirpación del
colon antes de que los polipos se malignicen. En contraste,
los pacientes con la más común forma hereditaria
no polipósica (HNPC, resultante de mutaciones
en genes tipo caregiver, reparadores de daño
al DNA, como MSH2) desarrollan un menor número
de pólipos mas tarde en sus vidas y por ello
se podrían beneficiar de una vigilancia rutinaria
(por ejemplo colonoscopia) y de medidas preventivas
como tratamiento farmacológicos, además
de la polipectomía.
De modo semejante, la detección de las mutaciones
activantes en los loci BRCA1 o BRCA2 está permitiendo
la identificación, dentro de familias portadoras,
de aquellas personas jóvenes, asintomáticas,
que tienen un riesgo elevado de desarrollo de cáncer
de mama u ovario en etapas posteriores de su vida. El
conocimiento de su condición de portadoras de
la mutación correspondiente permite ofrecer a
estas personas potenciales beneficios derivados, bien
de una vigilancia más estrecha para detectar
la aparición de cáncer lo más tempranamente
posible, o bien de medidas preventivas, tales como terapia
hormonal con tamoxifeno para interferir con la proliferación
celular estimulada por estrógenos, o incluso,
la práctica de cirugía preventiva.
Consideraciones similares de posible utilidad clínica
pueden ser aplicadas al caso de la detección
de mutaciones responsables de muchas otras formas de
cáncer asociadas a síndromes tumorales
hereditarios, entre los que cabe citar los síndromes
de Li-Fraumeni (p53), de Wilms (WT-1), la Ataxia Telangiectasia
(ATM), Xeroderma pigmentosum (XP) o el sídrome
de Cowden (PTEN).
A pesar de lo anterior, hay que hacer notar que la proporción
de cánceres resultantes de mutaciones hereditarias
es, en realidad, muy baja. La forma más común
de susceptibilidad tumoral heredada es el cáncer
de colon no poliposo hereditario (HNPC) , que puede
afectar a una de cada doscientas personas y significa
solamente el 15% del total de cánceres de colon.
Esto corresponde a unos 25.000 casos del millón
de casos de cáncer de colon diagnosticados anualmente
en los EE.UU. Por comparación, las mutaciones
en BRCA1, que son responsables de la forma más
común de susceptibilidad tumoral heredada a cáncer
de mama son responsables solamente del 5% del total
de cánceres de mama en la población mundial
(7.000 a 8.000 casos de los 150.000 casos de cáncer
de mama diagnosticados anualmente en los EE.UU). Las
proporciones de casos hereditarios versus esporádicos
en otros tipos de cáncer son semejante o inferiores
a los de los genes mencionados arriba. En resumen, las
mutaciones heredadas de genes de susceptibilidad tumoral
son responsables solamente de una fracción relativamente
pequeña del total de tumores.
Aparte de las limitaciones numéricas, hay otros
cuestiones de índole ética, sociológica
o económica que deben también ser tenidas
en cuenta. No hay todavía respuestas claras en
nuestra sociedad a preguntas tales como ¿Deben
ser evaluados todos en la población o solamente
aquellos con una historia tumoral familiar sospechosa?
¿La información genética es confidencial?
¿Tendrá acceso a ella los poderes públicos
o las compañías de seguros? En definitiva,
la riqueza de nueva información predictiva ¿Servirá
para mejorar nuestra calidad de vida o, por el contrario,
la sociedad se hará más obsesiva -en vez
de más libre- respecto al cáncer?
En todo caso, los síndromes tumorales hereditarios
afectan todavía a un número significativo
de pacientes. Cabe pensar que los programas de Prevención
y Consejo Genético, tales como el que se lleva
a cabo en el CIC salmantino, que permiten la identificación
de individuos susceptibles genéticamente a los
mismos y la implementación de medidas de prevención
y detección temprana de los tumores, podrán
tener un impacto significativo en las tasas de mortalidad
por cáncer en los próximos años.
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