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Mejoras diagnósticas.
Papel de oncogenes y genes supresores de tumores en
diagnóstico molecular del cáncer.
[<] El disponer de información
sobre los oncogenes o genes supresores concretos que
son responsables del desarrollo de tumores específicos
en los pacientes puede ser de enorme utilidad para el
manejo clínico de los pacientes oncológicos.
En algunos casos las anormalidades detectadas en oncogenes
han proporcionado marcadores útiles para monitorizar
el curso de la enfermedad durante el tratamiento. La
translocacion de abl en leucemia mieloide crónica
es un buen ejemplo: la detección de la fusión
abl/bcr mediante PCR proporciona un método muy
sensible de detección de células leucémicas
y es por tanto útil para monitorizar la respuesta
de los pacientes a la terapia. De modo similar, la detección
molecular del oncogén PML/RARœ es útil,
tanto para diagnosis como para monitorización
de la leucemia promielocítica aguda.
En otros casos las anormalidades de determinados oncogenes
pueden proporcionar información pertinente a
la hora de decidir entre diferentes opciones terapéuticas.
Por ejemplo, la amplificación de N-myc en neuroblastomas,
o de erb-B2 en carcinomas mamarios y ováricos
es predictiva de una progresión rápida
de la enfermedad tumoral, lo que podría justificar
la elección de pautas más agresivas de
tratamiento para aquellos pacientes portadores de dichas
amplificaciones. Otro ejemplo puede ser la proteína
p53, que es esencial para la inducción de los
procesos de apoptosis que ocurren a consecuencia del
daño al ADN celular infligido por tratamientos
antitumorales tales como radiación o diversas
drogas quimioterápicas. En consecuencia, el análisis
de mutaciones en p53 puede ayudar a predecir la respuesta
de los tumores a muchas de las drogas usadas en quimioterapia.
En definitiva, la detección y monitorización
de las posibles mutaciones sufridas por los distintos
oncogenes y genes supresores listados en las Tablas
2 y 3 puede resultar útil para el diagnóstico
o manejo clínico de diversas formas de tumores
humanos. La Tabla 6 presenta alguno de los trabajos
seminales que demostraron, durante la primera mitad
de la década de los 90, la utilidad de la detección
de alteraciones genéticas como diagnóstico
de procesos tumorales.
A pesar de los significativos avances en la detección
de mutaciones oncogénicas, hay que reconocer
que todavía queda mucho camino por recorrer en
la aplicación de los conocimientos de diagnóstico
molecular a la práctica clínica. A pesar
de la precisión y elegancia de muchos de estos
tests diagnósticos, la carencia de correlaciones
clínicas informativas y significativas hace que
sus resultados no sean todavía de gran utilidad
para la práctica clínica diaria en oncología.
En todo caso, es obvio que la creciente disponibilidad
de información diagnóstica sobre oncogenes
y genes supresores a nivel molecular va a jugar un papel
cada vez más importante en el futuro para el
diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades
tumorales. El reconocimiento de este hecho llevó
al National Cancer Institute de los EE.UU. a establecer
hace escasos años el programa CGAP, Cancer Genome
Anatomy Project (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/ncicgap).
Este programa, centralizado en Bethesda, tiene por objetivo
la identificación sistemática de las alteraciones
moleculares asociadas a todas las formas de tumores
humanos, y a cada uno de los estadíos de desarrollo
de dichas enfermedades. Las contribuciones de laboratorios
de diagnóstico molecular en todo el mundo, incluido
el puesto en marcha en nuestro CIC salmantino, hacen
de ésta una labor colectiva a nivel mundial que
permitirá, en un futuro no muy lejano, disponer
del patrón molecular de todos y cada uno de los
estadíos de desarrollo de los distintos cánceres
humanos.
Es importante también reconocer que la aplicación
efectiva a la práctica clínica de todas
estas nuevas líneas de conocimiento molecular
necesita de la aportación esencial de una nueva
figura profesional, de aparición relativamente
reciente. Se trata del Patólogo Molecular que
reúne en una única persona las áreas
de experiencia de la Anatomía Patológica
clásica y de la Biología Molecular para
así poder enriquecer el diagnóstico histopatológico
con la plétora de nueva información molecular
disponible actualmente.
Finalmente, hay que mencionar que en el curso de los
últimos años hemos presenciado la emergencia
de nuevas tecnologías que son enormemente poderosas
de cara a la caracterización del fenotipo molecular
de los distintos tipos de tumores. Entre estas tecnologías
emergentes cabe resaltar la microdisección por
láser (LCM, Figura 7), las tecnologías
genómicas y proteómicas basadas en el
uso de microarrays (Figura 8), o las nuevas técnicas
de imagen, como la tomografía de emisión
de positrones (PET) que permiten visualizar el estado
metabólico de los tumores. La conjunción
de estas nuevas tecnologías con las ya disponibles
desde hace años ofrece perspectivas enormemente
optimistas de cara a mejorar nuestra capacidad de caracterización
molecular de los tumores y a la utilización de
los datos generados, ya no solo en diagnóstico
sino también en pronóstico o en evaluación
de la efectividad de tratamientos. [>] |
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