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El Centro de Investigación del Cáncer reivindica el Día del ADN para explicar qué dice realmente la ciencia sobre genética, cáncer y epigenética 24/04/2026

El Centro de Investigación del Cáncer reivindica el Día del ADN para explicar qué dice realmente la ciencia sobre genética, cáncer y epigenética

En el marco del Día del ADN, el Centro de Investigación del Cáncer (CSIC, USAL, FICUS) de Salamanca ha reivindicado la necesidad de reforzar la cultura científica de la ciudadanía con información rigurosa sobre genética, cáncer y epigenética, en un momento en el que el lenguaje de la biomedicina circula cada vez más en el espacio público, no siempre de forma precisa. El objetivo, subraya el Centro, es insistir en la importancia de distinguir entre conocimiento científico validado y mensajes pseudocientíficos que utilizan términos científicos sin evidencia.

El Centro insiste además en que el cáncer es una enfermedad genética en el sentido biomédico del término: está causado por alteraciones en genes que controlan el crecimiento y la multiplicación celular. Algunas de estas alteraciones aparecen a lo largo de la vida y otras pueden heredarse. Según National Cancer Institute de Estados Unidos, entre el 5% y el 10% de todos los cánceres se asocian a cambios genéticos heredados. Esta realidad convierte a la genética en una herramienta esencial para comprender mejor el origen de la enfermedad, mejorar la prevención y avanzar hacia estrategias diagnósticas y terapéuticas más precisas.Dicho de forma sencilla, la epigenética estudia los mecanismos que hacen que unos genes estén más o menos activos sin que cambie la secuencia del ADN. Es decir, no modifica las “letras” del ADN, sino la forma en que las células leen y utilizan esa información. La evidencia científica define las alteraciones epigenéticas como cambios químicos que no alteran la secuencia del ADN, pero sí pueden influir en la actividad de los genes. Estas alteraciones pueden aparecer con la edad y en relación con distintos factores ambientales, y también desempeñan un papel en el cáncer.

Por ello, es necesario comunicar la epigenética como lo que realmente es: un campo de investigación biomédica sólido, vinculado a mecanismos moleculares medibles, y no una etiqueta utilizada para respaldar afirmaciones sin base científica sobre emociones, voluntad o supuestas capacidades de “reprogramación” personal.

“Confundir vocabulario científico con evidencia científica perjudica a la ciudadanía y también a la imagen pública de la ciencia. Hablar de genética y de epigenética exige rigor: estamos hablando de mecanismos biológicos complejos, no de metáforas ni de mensajes de autoayuda disfrazados de ciencia”, señala Xosé R. Bustelo, director del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca.

Esta tarea divulgativa resulta especialmente importante en un contexto en el que la ciudadanía mantiene una valoración alta del personal científico, pero reclama también más cercanía y transparencia. Según la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología 2024 de FECYT, el 85,9% de la población considera que los científicos y científicas son expertos en su área, pero solo el 57,9% cree que desarrollan su trabajo conforme a normas y procedimientos establecidos, y el 56,9% opina que quienes financian la investigación pueden influir en sus conclusiones. Para el CIC, estos datos refuerzan la importancia de una comunicación pública clara, honesta y comprensible, capaz de proteger la confianza social en la ciencia y frenar la confusión entre investigación rigurosa y pseudociencia.

Mitos en torno al ADN

En este contexto, el Centro recuerda también la importancia de desmontar algunas ideas erróneas muy extendidas sobre el ADN y los estudios genéticos. Entre ellas, la creencia de que los genes determinan completamente nuestro destino; que solo existe riesgo cuando hay antecedentes familiares; que las pruebas genéticas son
invasivas; que un resultado negativo descarta cualquier posibilidad de enfermedad; o que una patología diagnosticada en la edad adulta implica que el ADN ha
cambiado con el tiempo.

Frente a estos planteamientos, la evidencia científica muestra que la genética habla de predisposición y riesgo, no de un destino cerrado. También confirma que la ausencia de antecedentes familiares no excluye por sí sola la posibilidad de una alteración genética; que la mayoría de las pruebas se realizan mediante procedimientos sencillos, como una muestra de sangre o un frotis bucal; y que la interpretación de sus resultados debe hacerse siempre en contexto clínico y con asesoramiento profesional. Del mismo modo, el hecho de que una enfermedad aparezca en etapas posteriores de la vida no significa que el ADN haya cambiado entonces, sino que algunas alteraciones pueden estar presentes desde el nacimiento y manifestarse más adelante por la influencia de otros factores biológicos o ambientales.

Para el CIC, trasladar estos matices a la sociedad resulta esencial para evitar simplificaciones, falsas expectativas y mensajes engañosos que, bajo una apariencia científica, contribuyen a la desinformación en temas de salud.

Con motivo del Día del ADN, el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca reivindica así una idea central: divulgar con rigor sobre genética también es una forma de cuidar la salud pública, combatir la desinformación y proteger el valor social de la ciencia.